Se pueden enojar con él, reprocharle falta de garra, de excederse con su calculadora; incluso hasta podrían tildarlo cobarde. Pero Rosberg transita el epílogo del campeonato del mundo que podría consagrarlo en dos semanas como nuevo campeón del mundo.

Si se llevara adelante una compulsa, y se ubicaría a cada uno de los votantes en el lugar que hoy ocupa el rubio alemán de Mercedes; todos, absolutamente todos, con total sinceridad y depositando la palma de mano en el corazón harían lo que está haciendo Nico. No está poniendo nada en riesgo, conservando una ventaja que bien supo ganar y heredar, jugando lentamente a los dados con la desesperación de Lewis Hamilton que, interiormente, vive con cierta ambigüedad por mostrarse en un altísimo nivel, pero también por ver como con cada segundo puesto de su compañero, sus opciones de retener el título se diluyen como agua entre sus dedos.

Observándolo ayer mismo, con el aguacero que cubrió a Interlagos de punta a punta, con estos autos tan sensibles, con lo mucho por perder y con lo poco por ganar peleando mano a mano con Lewis, con autos similares; la estrategia que adoptó Rosberg era esperable, lógica, sensata. Si no se deshojó en su desesperación en Austin ni en México, con las condiciones normales de pista, ¿por qué haberlo con condiciones tan difíciles en Brasil?

Esta versión de Rosberg se asemeja mucho con lo último que le vi a Mayweahter. Tiene todas sus virtudes y se mantiene en franco control de la contienda. Esquiva golpes, no responde a provocaciones, administra diferencias, calcula, calcula y calcula. Y suma. Y se acerca a su objetivo. Tal vez los puristas de ambos deportes logren, después de verlos, hacer una mueca con cierto desencanto ante lo que ofrecen frente al espectador. Tienen esa libertad de elegir, como también la tienen los mismos protagonistas: “Esto es Fórmula 1, no el Circo du Soleil”, alguna vez dijo antipáticamente Fernando Alonso; y algo de razón tenía.

Nico Rosberg necesita solo un modesto tercer lugar en Abu Dhabi para consagrarse y para hacer valer las 12 unidades que acumula en sus bolsillos que lo separan de Hamilton y de su mayor objetivo. Pero cuidado, esta diferencia, que carrera tras otra fue consumiéndose, es el principal impuesto que Nico pagó por no correr riesgos. Parece, con el andar de Mercedes este año, un trámite. Podría no serlo. No será la primera vez que un favorito se quede, solo, golpeando a las puertas del cielo. Esa abertura celestial tan estrecha, tan selecta.